Google lo sabe todo

 Instituto de Medios Sociales. Mientras yo duermo, tú me miras. Mientras yo me informo, tú me enamoras. Mientras yo como, tú me pones música. Y yo paso de ti. Esa es la diferencia entre tú y yo. Que tú me quieres y yo solo te busco cuando me haces falta. Soy un cabrón, lo sé. Pero la culpa es tuya, que me lo pones todo en bandeja y nunca puedo aplicarme el cuento ese de que te echaré de menos cuando te haya perdido.

Sabes mis gustos, mis canciones preferidas, dónde he estado y con quién. Sabes cómo configuraría mi coche preferido, si le pondría llantas de 16 pulgadas o asientos de cuero azul, sabes que no tengo ni idea de hacer un pato a la naranja y sabes que siempre te pido ayuda con mi francés. Sabes que miro el tiempo por las mañanas y que por las noches lo pierdo preguntándote chorradas sin que tu incansable paciencia me diga nunca que basta ya.

Mientras yo paso de ti, tú me mimas. Mientras yo paso de ti, tú te preocupas. Mientras yo paso de ti, tú me aconsejas. Contestas a mis preguntas en menos de un segundo y  me das tantas respuestas y tantas opciones que cada día me abrumas más. Corriges mis imprecisiones y eres tú quien me dices lo que quise haber dicho. A veces me da miedo que sepas tanto de mí; otras me veces me acojonas, sin más. He caído en tu trampa, por seguirte el juego, y me he quemado sin ni siquiera haber visto el fuego.

Lo sabes todo. Seleccionas lo que me cunde. Me guías en el camino. Tienes fotos, tienes vídeos, tienes mapas, tienes tiendas. Conoces mi pueblo y hasta los bares donde yo nunca he entrado. No sé cómo pero le has sacado fotos minuciosas al rosetón de la iglesia donde hice la comunión y a dónde tantas veces he querido escalar de pequeño. Es como si hubieras estado allí toda la vida, entre los capiteles que acunaron mi bautizo, pues sabes más de mí que yo mismo. Te digo mi nombre y me cuentas mi vida. Te digo el de mi madre y me das su teléfono. Te digo el de mi hermano y me dices que no tengo.

Querido Google, sé que también vas a conservar esta carta. Sé que me la mostrarás cuando te la pida y sé que se la darás a cualquiera cuando alguien te pregunte por mí. Nuestra relación nunca fue un pacto de exclusividad, así que no puedo ponerme celoso. De hecho, lo que más me pone de ti es esa incapaz que tienes para poder callarte. Habla lo que quieras y respóndeme siempre. Nada me jodería más que tu silencio.

José Sixto García.