Liderazgo empresarial

Instituto de Medios Sociales. Hace unos días asistí a una charla sobre liderazgo impartida por Javier Milán, el delegado en Galicia de Cooperación Internacional, y que me ha hecho reflexionar acerca de los valores que deberían definir la figura del líder dentro de las organizaciones.

Milán apostó por una diferencia clara entre cracks y mediocres, que yo comparto y que me gustaría, asimismo, compartir contigo. La primera diferencia sustancial entre ambos –y la más importante- es que los mediocres siempre se consideran cracks, por lo que un mediocre jamás se sentirá identificado con las líneas que siguen. ¡Ellos son cracks! ¡Y punto!

A los mediocres se les cala fácil. Por la envidia. Es habitual que desprecien constantemente todo lo que hacen los demás, quitándole importancia y dando a entender que lo suyo es lo mejor. Critican mucho con el objetivo de restar relevancia a los actos ajenos, aunque luego no es de extrañar que los veamos intentando copiar lo que criticaban.

Camuflada bajo una tergiversación de la competitividad, los mediocres siempre tienen la necesidad de sentirse superiores. Su envidia no les permite asimilar los éxitos de otros y por eso solo les interesa rodearse de más mediocres. Su competitividad es maligna porque para sentir que destacan necesitan aniquilar, y lo hacen con chulería, prepotencia y arrogancia. Detrás de este tipo de actitud se esconde la inseguridad, la falta de valores o incluso dilemas de identidad sexual.

La envidia y la competitividad provocan una exaltación exacerbada del yo. Primero yo, después yo, y luego yo. Los mediocres rara vez hacen nada por los demás, sino que solo actúan por interés propio, utilizando a las personas para no sentirse solos y con un ego que les impide ver la realidad.

Esa fogosidad del yo es la que les lleva a ver la paja en el ojo ajeno. Es típico que les molesten las mismas cosas que ellos hacen habitualmente y perciben en los demás los defectos que ellos comenten. Su diálogo es imperativo, pero no aceptan órdenes; bromean, pero no toleran que se bromee con ellos; exigen, pero no dan.

A estas alturas cualquier mediocre ya habrá calificado de basura (y sinónimos) este artículo o me habrá mandado a mí y al periódico a tomar el aire. Es esa una opción, la otra es la que te comentaba al principio: que el mediocre piense que la película no va con él. ¡Quién voy a ser yo para decirle lo que tiene que hacer! En realidad, tienen razón; a ellos solo dos cosas les ponen los pies en la tierra: el tiempo y la vida (aunque ahora estén pensando que sí, pero sus éxitos…).

 José Sixto García