El mentiroso y el cojo en las redes sociales

Instituto de Medios Sociales. La forma de actuar en las redes sociales es la misma que en la vida de a pie y boli, pero con una salvedad: se coge mucho antes al cojo que al mentiroso. Sí, digo bien, primero al cojo y después al mentiroso, aunque ambos tienen la trampa tendida desde el pistoletazo de salida y ninguno escapatoria posible ni de la trampa, ni mucho menos del tiro.

El cojo y el mentiroso se van matando lentamente. El primero se dispara a sangre fría y el segundo esboza su muerte en una agonía que siempre es -como diría el maestro- la crónica de una muerte anunciada. Al cojo se le coge por su forma de actuar. Cojea en las redes quien desconoce las rutinas de actuación, los procedimientos de gestión y las particularidades de cada red. Cojea en las redes quien cojea con g, quien espera haber* si la formación le llega por ciencia infusa (o *hinfusa) y quien se *hecha a la aventura sin haber echado antes a la h de sus imaginarios planes de medios.

El mentiroso nace, crece y vuela feliz durante un tiempo. Como todo ser vivo, muere, y, como todo ser vivo, en casos deja reproducida la especie tanto en su trabajo como en el círculo de mentirosillos que le acompañan en la construcción de ese castillo de naipes que se desplomará –antes o después- al estilo dominó. Suele dar el pego durante meses e incluso años y puede ser difícil de detectar para las mentes más ingenuas o las que tienen pocas ganas de pensar. 

El mentiroso se convierte en el mejor actor de su propio teatro. Toda su estrategia se basa en una función de cuatro autos: engrandecer, manipular, engañar y mentir. El mentiroso engrandece cifras, resultados de informes y de audiencia o datos de expansión empresarial. Es lo que en la vida de a pie y boli se conoce como comer una y contar veinte. El mentiroso manipula. Ajusta la verdad a sus intereses particulares y engaña. Engaña a conciencia, intentando que los demás crean la historia que ha diseñado a la perfección y suele conseguirlo. Miente. Su mentira puede durar más o menos, pero siempre consigue seguidores que le ayudan a levantar el circo mientras dura la función.

Si por separados son lo peor, juntos son la peste. Cojos y mentirosos ni se excluyen ni se repelen, es más, en casos se adoran y complementan, formando un tándem que, hasta que se pincha la rueda, rueda y rueda, pisando –no sé si fuerte- pero, desde luego, con las miradas estudiadas.

 José Sixto García.