El diálogo social

Instituto de Medios Sociales. Si la diferencia entre alguien que sale a correr y un runner son 250 euros en equipamiento fluorescente, entre alguien que escribe en redes sociales y un community manager la diferencia la marca otro puñado de euros en formación y en rotuladores fluorescentes para subrayar lo que hay que meter en la cabeza y ejecutar con la mano.

Cabeza y mano, como en tantas otras cosas de la vida, juegan también en las redes un papel decisivo. La primera como estrategia, la segunda como táctica. La cabeza y la mano de alguien que gestiona las redes de una corporación no pueden quedarse en selfies engominados y diez dedos encima de un teclado, y, valiendo la redundancia, tienen que funcionar mano a mano. Sin estrategia la ejecución resulta imposible o, en dos palabras, im-presionante, porque tanto una como otra han de usarse toda, toda, toda.Leía el otro día que Twitter te hace pensar que eres sabio, Instagram que eres fotógrafo y Facebook que tienes amigos. Prepárate, el despertar será duro. Aquí, o todos usamos la cabeza y la mano, o la puta al Tuenti. Quien gestione una comunidad –y me da igual si es de vecinos, de montes o de clientes- ni tiene que ser sabio, ni fotógrafo, ni tener amigos en los infiernos de todas las religiones, sino simplemente saber escuchar y saber responder. Quien no escucha es imposible que sepa contestar; quien no conoce el producto no puede venderlo; quien solo se escucha a sí mismo acaba hablando solo, y eso a lo único que conduce es a que se te seque la boca antes de abrirla. En resumidas cuentas, escuchar con calma y responder con cariño conllevan algo tan sencillo -y tan humano- como es el diálogo. Parece mentira que 2.500 años después aún nos parezca novedoso lo que Platón reflejó en sus Diálogos, cuando, al fin y al cabo, dos de las cosas más importantes que tenemos en el agora salieron precisamente del ágora: la democracia y el amor platónico, que ese sí que es atemporal.

Lo de la cabeza para escuchar y lo de la mano para responder exigen inevitablemente empatía para ponerse en el lugar del otro. Pero empatía no es quitar la hora de conexión del Whatsaap porque no quieres que se sepa cuándo te conectas. Empatía es preguntarte si crees que a alguien le importa cuándo tú te conectas. Apartarse del egocentrismo suele atraer las manos y eso supone tocar muchas, muchas cabezas.

José Sixto García