El talento como valor

Instituto de Medios Sociales. El talento puede definirse como la aptitud o la capacidad para desempeñar o ejercer una actividad. Proviene del griego (τάλαντον) con el significado de plato de la balanza o peso y, de ahí, derivó al latín como talentum. Junto con la familia y el centro laboral, la escuela es uno de los tres espacios fundamentales donde tiene cabida la interacción humana y donde se desarrolla el talento. Las instituciones educativas que lo desarrollan se comprometen a fomentar e impulsar un movimiento mayor donde las personas cultivan el hábito de generar más energía, más recursos y más potencial.

Cuando hablamos de talento parece lógico que nos refiramos a un intangible, pues no es algo que podamos tocar ni pesar, pero que es un elemento al que cada vez se le da mayor importancia y que cada vez es más valioso para las organizaciones.

El objetivo de la educación es desarrollar el talento de los individuos y de las colectividades y no educamos para tener buenos resultados escolares, sino buenos resultados vitales fuera de la escuela. En este sentido, si partimos de la idea de que la escuela no solo nos prepara para el saber y el saber hacer, sino también para el saber ser y estar (aprender a vivir en sociedad) parece obvio que la detección y la búsqueda de los talentos personales nos ayudarán a estar mejor en la sociedad de la que formamos parte y también a aportarle mejor y mayor valor.

El informe Delors de 1996 señaló que la educación encerraba un tesoro y definió los cuatro pilares de la educación para el futuro: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Delors fue un pionero en distinguir entre calificación y competencia y, desde esta perspectiva, concibió la educación como un proceso que transcurre a lo largo de la vida.

Si tenemos en cuenta que la función principal de la inteligencia es dirigir el comportamiento, aprovechando para ello su capacidad de asimilar, elaborar y producir información, podemos concebir el talento como la inteligencia en acto, resuelta, es decir, que resuelve los problemas y avanza con resolución. Ya que hay muchos tipos de inteligencia, habrá también muchos tipos de talentos distintos: musicales, científicos, deportivos, etc. Así, pues, el desempeño sobresaliente en varios campos requiere un mínimo de inteligencia, pero parece más importante la presencia de otros rasgos psicológicos.

José Sixto García