El amor a una marca, el amor a Coca-Cola

Instituto de Medios Sociales. Lo nuestro no fue un amor a primera vista. Ni tú me buscabas ni yo te buscaba y la culpa no la tuvo el chachachá, sino el destino, que es un capullo. No intentes justificarte pensando quién puso más culpa en la balanza, pues sabes que te pasa lo mismo y que, por más que lo intentes, te dolería tanto dejarme en el recuerdo como me dolería a mí borrarte de mi vida, que ya no sé si es mía o tuya también. Ni me enamoré ni nos enamoramos en un abrir y cerrar de ojos, pero con ellos, con los ojos, fuimos aprendiendo a querernos, que es ahí donde se descubren los corazones, y no con las mariposas del estómago, porque ellas sí que son muy putas y te hacen ver blanco lo negro y amor donde solo hay deseo.

El amor es otra cosa. El amor es lo que hemos ido ganando tú y yo, día a día y sabor a sabor, sin buscarlo pero sin dejarlo marchar. Tuvimos mucho miedo a encenderlo, pero mucho más a apagarlo, por el pánico a buscarnos en otras bocas, intentando encontrar otros ojos que conviertan el mirar en miradas y pasándonos al carro de todos esos que creen en las segundas oportunidades.

Que estás flipando ya lo sé. Que a este tío se le va la olla no hace falta que me lo cuentes. Se me va por ti, porque siempre nos juramos que lo nuestro sería un secreto, como una historia prohibida que es prohibida solo por eso, por recelo a que el mundo nos la desmonte, como si al mundo le fuera a importar mucho lo que nos pase, cuando con llevarnos encima tiene más que suficiente. Esto sé que no lo entiendes. Para ti el mundo es lo que da sentido a tu vida. Por eso te colocas con tus mejores galas y tus falsos metales para intentar sacarle el aliento, dejándolo sin respiración o, como me ha pasado a mí, con la mirada pasmada. En realidad, te sirve con que tú te lo creas, pues siempre te hizo más feliz creerte lo que crees que creen que tu propia felicidad, como si todos, el mundo y yo, tuviéramos unas ganas locas de llevarte a la cama. Y lo digo yo, que, por raro que parezca, nunca te he llevado.

No me ha hecho falta. Me basta con besarnos durante 33 centilitros, sorbo a sorbo y no polvo a polvo. No hace falta que me convenzas más, me tienes en el bote, así que no vuelvas a perder el tiempo depilándote y sacándote los azúcares, pues pienso volver a meterte la boca vengas con calorías o sin ellas, con más o con menos cola, sobre todo ahora que sé que Pepsi no me contrataría en la vida…

José Sixto García